Memoria, Verdad y Justicia en el Norte Santafesino

viernes, 25 de octubre de 2013

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UN LARGO CAMINO A CASA
Lila Soto fue compañera de Héctor "Tuti" Cian, oriundo él del norte santafesino (Nicanor Molina). Formado en el Movimiento Rural Católico estuvo vinculado a las  Ligas Agrarias  y fue militante del peronismo revolucionario. Secuestrado por la dictadura en Rosario, continúa desaparecido.                                                                                                  

ISABEL "Lila" SOTO, mi madre...



Mi madre, Lila (Isabel Soto alias "Paula") nació en Corrientes Capital, el 9 de agosto de 1947. Era hija de Juana Antonia Parra y Benedicto Soto, mis abuelos maternos.

Aquí en la capital cursó la primaria en la escuela N° 808 (hoy 408). En 1964 ingresó a la secundaria, en el Liceo de Señoritas y en 1966 pasó a la Escuela Normal para obtener en 1969 el título de Maestra Normal Nacional.

Fiel a sus convicciones, comenzó a trabajar como docente en Yahape y después en Ciervo Petiso, Chaco.



En el año 1970 en un hecho muy conocido en esta ciudad, la excomulgación del Padre Raúl Marturet, integrante del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer mundo, haciendo huelga de hambre como protesta, conoció a mi padre Héctor Cian, quien ya militaba en las Ligas Agrarias . A partir de allí ambos se potenciaron, crecieron intelectualmente y aprendieron que para cumplir con sus sueños deberían primero luchar por los deseos de un pueblo de hermanos. Su mundo creció, y ya no existían fronteras visibles. En esta misma provincia, encontrarían el significado de sus vidas integrando las filas del peronismo revolucionario, intensificando su militancia frente a las incoherencias sociales.

En el año ‘72 se casaron en la Iglesia Pompeya de esta capital, y yo (Daniel Cian) nací en noviembre del ‘74. Rápidamente comenzaron las persecuciones, debíamos vivir de alquiler, en lugares inhóspitos y lejos de nuestras familias, con nombres falsos, sin documentos y sólo con lo puesto. Mi padre nos mantenía con su escaso trabajo de fotógrafo. Gracias a él poseo gran cantidad de fotos de mi madre.

Ya instalada la dictadura, más precisamente el 10 de diciembre del ‘76 fueron cercados por la Federal en la calle Dorrego al 1500 (Rosario), yo estaba allí, con solo 2 años de edad. Me entregaron a un sacerdote que tenía el hogar “Nuestro Hogar”, y gracias a un anónimo que llego a manos de mi abuela, a su tesón y el de mi familia, recupere mi identidad, después de casi un año de permanecer en ese lugar con otro nombre.

Mi mama, fue muerta allí, llevaba en su vientre un embarazo de 8 meses y medio. De mi Papa nada sabemos con exactitud, continua al igual que el bebe que llevaba en su vientre, mi hermano, desaparecidos. Solo así pudieron poner límites a sus sueños.

Cuando tenía 20 años comencé a reconstruir mi historia, en Rosario me dieron un certificado de defunción que decía que fue inhumada en el Cementerio La Piedad, fui hasta allí, pero en el Cementerio me dijeron que estuvo enterrada en tumbas NN que cada cinco años eran limpiadas y ya no estaban.

Con la vuelta de la democracia, en un acto oficial se impuso una calle con su nombre en el Barrio Ponce de esta ciudad (Corrientes) y también en la memoria de ambos se levanta un mural en la calle Dorrego al 4.800 de la ciudad de Rosario.-

En Marzo del 2012, me llega la primera esperanza de que por investigaciones de la Fiscalía Federal de Rosario y del Equipo Argentino de Antropología Forense, los restos aún estaban en el Cementerio La Piedad, que se habían efectuado enterramientos por encima, para que continúen desaparecidos. Comenzaron las investigaciones, preste testimonio, se realizaron la exhumaciones y luego del análisis genético, me confirmaron que habían encontrado los restos de mi madre.


 Daniel,  el hijo, autor de este conmovedor relato, hablando en marzo del 2012 en la Plaza de Reconquista

Foto: H.A.